Antropología aplicada en América Latina: hacia un diálogo hemisférico
Sinopsis
Este número especial aborda mi vieja preocupación: ¿cómo podemos hablar de antropología cuando solo leemos los trabajos de quienes están en nuestro país o escriben en nuestra lengua? ¿Qué implicaciones tiene esta falta de intercambio y diálogo para la producción antropológica? ¿Cómo afecta esta situación a la misión antropológica de descubrir el conocimiento local y utilizar marcos comparativos entre regiones geográficas para develar similitudes y diferencias que puedan ayudar a construir modelos explicativos del comportamiento humano universal? Intentando trascender las fronteras geográficas, lingüísticas y académicas entre los antropólogos aplicados del continente americano, este número se propone responder a estas preguntas y plantear otras nuevas. Este ejercicio pretende sugerir un marco conceptual relevante para una antropología sin fronteras basada en el uso del conocimiento, lo que solemos llamar “antropología aplicada” en América del Norte, pero que también recibe otras etiquetas.
De hecho, tanto si se utiliza la palabra aplicada como si no, no parece haber mayores diferencias en la forma de entender dicha antropología. Por ejemplo, cuando el Ministerio de Trabajo argentino proclamó el Día del Antropólogo para conmemorar la fundación del Colegio de Graduados en Antropología, 49 años antes, definió al antropólogo como “alguien que entiende al ser humano en relación con el pasado, el presente y proyectándose hacia el futuro. […]. Ese trabajo sirve, por un lado, para resolver algunos problemas sociales y, por otro, para colaborar con las políticas públicas” (Colegio de Graduados en Antropología, comunicación personal, 27 de julio de 2021). Esta definición es muy parecida a la que utilicé mientras enseñaba antropología aplicada en Estados Unidos, como “un campo de investigación que se ocupa de las relaciones entre el conocimiento antropológico y los usos de ese conocimiento en el mundo más allá de la antropología […] para ayudar a la gente a tomar decisiones con respecto a problemas específicos actuales” (Chambers, 1985, pp. x-xi). Estas similitudes me llevaron a explorar la antropología aplicada latinoamericana en el contexto de las antropologías aplicadas americanas (es decir, del hemisferio, no de Estados Unidos).
A lo largo de este trabajo, el término “hemisferio” se utiliza para demarcar no solo la diferencia geográfica entre América del Norte y el resto del continente americano (América del Sur y América Central), sino también para introducir la dimensión sociocultural implicada en esta diferenciación.
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